8
may

Kayla

   Publicado por: La Dama del Reino Prohibido en

 

Kayla la Sacerdotisa

Kayla nació en un bosque conocido con el nombre de Syleh . Su madre, Elania, era una bellísima mujer de pelo dorado, que vivía dedicada a la naturaleza. Había construido una modesta casita en lo más profundo del bosque, oculta entre la maleza. Aunque quizá llamarlo casa era demasiado pretencioso, ya que ella pasaba largas temporadas lejos de allí, vagando por los bosques y haciendo vida nómada. Vivía modestamente con lo que el bosque le proporcionaba, y de vez en cuando algunos aldeanos le pedían ayuda para cazar algún animal que hacía estragos en las granjas o para hacer de guía a través de las peligrosas montañas. Siempre recibía como pago especies, y nunca aceptaba dinero a cambio. Todo lo que necesitaba para vivir lo cogía del bosque, hacía cuero con la piel de los animales que mataba para comer, y luego usaba huesos finos para confeccionar su propia ropa, y su hacía sus propias armas la madera que ella misma tallaba. Solía llevar un arco de madera con una cuerda de lino y sus flechas las fabricaba con sílex. También llevaba una daga de sílex que utilizaba para desmembrar a sus presas, y nunca desaprovechaba nada de un animal muerto.

Elania llevaba una vida muy solitaria en los bosques, pero ella era feliz así, le gustaba sentirse en comunión con la naturaleza y no necesitaba nada más. Pero todo eso cambió cuando conoció a Sir Lancel. Fue una ocasión en la cual un grupo de siete caballeros pidió a Elania que los guiara hasta el castillo Forks,  dónde habían sido convocados. Ellos no tenían miedo de los peligros que podían encontrarse, pero no conocían la zona y temían perderse. Elania accedió a guiarlos.

Fue un viaje que duró 3 días. Todo fue bien hasta la segunda noche después de haber emprendido el viaje, habían acampado en un pequeño claro del bosque y habían decidido dormir al raso. El instinto de Elania le dijo que no estaban solos, así que se turnaron para hacer guardia mientras los demás dormían y la noche pasó sin incidencias. Al amanecer emprendieron de nuevo la marcha, pero Elania todavía tenía esa sensación de que algo no iba bien. La tercera noche, cuando se detuvieron a dormir en una pequeña hondonada junto al camino, fueron asaltados. Fue un ataque sorpresa, un gran número de ladrones se lanzaron sobre ellos sin previo aviso. Los caballeros contraatacaron, pero los ladrones los superaban en número. Elania, rápidamente invocó a su compañero espiritual, un joven dragón dorado, y le ordenó lanzar una llamarada contra uno de los asaltantes. Los demás ladrones, al ver a su camarada totalmente envuelto en llamas y agonizando, decidieron retirarse con la misma rapidez con la que habían aparecido. Entonces Elania se dio cuenta de que Sir Lancel, el más joven de los caballeros (17 años), había sido herido con una daga en el hombro. Ella se apresuró a curarle la herida con una pasta que hizo masticando hojas curativas que siempre llevaba en el zurrón, y él aguantó el dolor sin ninguna queja. Entonces Elania dijo que debían llegar cuanto antes al hostal que se encontraba al final del camino, a unas dos horas de marcha, y pasar allí la noche. Encendieron teas y emprendieron el camino todo lo rápido que les permitían sus monturas, que no era mucho al ser de noche, los caballos podían tropezar y romperse una pata. Durante el trayecto, Elania seguía notando que los vigilaban, pero su orgulloso dragón los mantenía a raya. Llegaron al cabo de tres horas a dicha posada, y los caballeros pudieron descansar tranquilos en habitaciones cálidas y seguras. Elania en cambio, se quedó fuera montando guardia, ya que ella no tenía dinero para pagarse una habitación. A la mañana siguiente, partieron dejando atrás a Sir Lancel, que no podía viajar a causa de su herida. Habían descubierto que la daga con la que le atacaron estaba envenenada y su herida tardaría más de lo normal en sanar, pero Elania le prometió que volvería con él una vez terminado su trabajo, ya que se sentía responsable por lo ocurrido. Al mediodía llegaron al castillo, y está fue la primera y última vez que Elanira aceptó dinero como pago. Al anochecer llegó de nuevo a la posada, junto al joven Sir Lancel. Cuidó de él durante una semana, corriendo todos los gastos por cuenta de Elania, y después ella decidió llevar al joven a su casa del bosque para cuidar de él hasta que su herida sanase por completo.

Dos meses después, Sir Lancel  se había recuperado por completo, y aunque le apenaba dejar a Elania, su deber como caballero se anteponía a ello. Así pues, decidió abandonar la casa de Elanira mientras ella estaba fuera para no tener que despedirse. Elanira, al descubrir que el joven se había ido, sintió una soledad enrome por primera vez en su vida. Sabía que ese momento llegaría y que volvería a estar sola, pero por algún motivo sus pensamientos siempre volvían hacía Sir Lancel y ya nunca se pudo librar de esa sensación de vacío que le producía pensar en él.

Pasaron 8 años, y Elanira, al ser descendiente de los grandes héroes (Seres mágicos), seguía aparentando la misma edad y seguía siendo una bella mujer, aunque la melancolía solía frecuentar sus facciones. Pero eso cambió una tarde, cuando Elanira recibió el encargo de matar a un zorro que se estaba comiendo las gallinas de un granjero, y bajo al pueblo para solventarlo. Mientras caminaba por la calle principal, oyó a las muchachas del pueblo cuchuchear sobre un hermoso caballero peregrino que andaba por la aldea. Elanira pensó en Sir Lancel y en lo mucho que le gustaría encontrarlo de nuevo para recriminarle por el hecho de marcharse sin tan solo despedirse. De pronto, se topó con un soberbio caballero de cabellos oscuros y ondulados, montado en un elegante corcel blanco. Se miraron unos instantes con cara de incredulidad, Elanira sorprendida por la belleza de él, y él por la belleza de ella, que no había menguado en los 8 años que no se habían visto. Sir Lancel desmontó de su caballo, se acercó a Elanira y la abrazó con fuerza. Ella, que pareció haber olvidado todo lo que quería decirle, también le abrazo, y ya no volvieron a separarse.

Sir Lancel, vivió en la casa de Elanira durante unos años, aunque no olvidó su deber como caballero y a veces pasaba días fuera de casa, viajando allá donde le necesitaran. Al principio Elanira viajaba con él, pero dejó de hacerlo cuando nació su primer hijo, al que llamaron Galahad. Este era un niño muy inquieto y de buen corazón, así que Sir Lancel no dudó en educarlo en el arte de los caballeros.

Años después, nació Kayla. Ella, al contrario de Galahad, era una niña tímida e introvertida. Por ello, Sir Lancel la llevaba al pueblo siempre que podía, para que ella se relacionara con personas y dejara de tenerles miedo. Su padre era un caballero con un corazón muy puro, y todos los habitantes del pueblo le conocían y apreciaban, y esto impresionó mucho a Kayla. Sir Lancel siempre le hablaba del honor y la virtud, y la pequeña decidió que de mayor sería como él y ayudaría a todo el mundo siempre que se presentara la oportunidad.

Pero todo cambió cuando, un día, un noble solicitó ayuda a Sir Lancel. En principio era un trabajo fácil, solo tenía que escoltar a una caravana de mercaderes hasta el puerto, donde embarcarían las mercancías, así que Sir Lancel se despidió de Elanira y Kayla con un beso, como solía hacer antes de cada misión, y ya jamás lo volvieron a ver. En aquel entonces Kayla tenía 12 años, y su hermano Galahad tenía ya 16, pero este último se encontraba fuera de casa, aprendiendo a ser caballero.

Un año después de la desaparición de Sir Lancel, Kayla encontró cerca de su casa un pequeño zorro cuyos padres habían sido asesinados por furtivos. Lo llevó a casa pero su madre se negó a aceptarlo. Tras muchos ruegos, Elanira dejó que Kayla se lo quedara, pero a cambio debería cuidarlo y alimentarlo ella sola. Desde entonces, Kayla se levantaba muy temprano por la mañana y se iba a pescar o a recoger piñas u otros alimentos por el bosque, y a la tarde se acercaba al pueblo más cercano para cambiar todo lo recogido por leche de vaca, con la que alimentaba a su mascota.

Esperaron a Sir Lancel durante 2 largos años, y no obtuvieron noticias de él. Finalmente, Elanira decidió partir en su búsqueda. Ella estaba convencida de que le había ocurrido algo, él no los habría abandonado jamás por voluntad propia. Así pues, se marchó dejando atrás a sus dos hijos.

A partir de ese momento, Kayla y Galahad solo te tuvieron el uno al otro. Abandonaron su casa, puesto que no eran nada habilidosos como para sobrevivir del bosque como antaño hizo su madre, y se convirtieron en nómadas. Viajaron de un pueblo al otro, ayudando a la gente como hacía su padre, y los aldeanos a cambio les daban algo de comida y algunas veces hasta un lecho caliente para pasar la noche. Sobrevivían como podían, y Galahad estaba cada vez más preocupado por su hermana. Pasar hambre y frío no era el estilo de vida que quería para ella.

Finalmente, tras un año de penurias, Galahad encontró un santuario donde, tras conocer a Kayla, aceptaron acogerla y educarla como una de sus sacerdotisas. Kayla al principio se negó a quedarse allí, ella solo quería estar con Galahad, pero su hermano le dijo que si se quedaba allí, podría convertirse en una sacerdotisa respetada y viajar por el mundo ayudando a la gente, tal y como ella siempre quiso. Así él también podría centrarse en su viaje para convertirse en un caballero como su padre. Finalmente y tras muchas lágrimas, ella accedió quedarse. Se despidieron con mucha tristeza y prometieron volverse a encontrar una vez cumplidos sus sueños.

Kayla y Galahad

La Dama del Reino Prohibido